Tu partida
Cuando llegó a casa era una pequeña bolita café que apenas si podía comer en el plato y a ratos parecía que mamaba, caminaba com con torpeza, al poco tiempo corría la bolita con ojos .
Pasó el tiempo y fue creciendo como también crecían sus filosos dientitos con los que torturaba mis pies. Mi fiel amiga me acompañaba en paseos, iba suelta con su pechera de cuero, cuando alguien me saludaba su mirada se posaba en esa persona observado cualquier movimiento casi en pose de ataque .
¡Qué protegida me sentía junto a ti!
Fueron pasando los años así como crecían nuestras historias . Un día enfermaste y pese a los cuidados te tuvimos que dormir. Qué tristeza sentí cuando el médico te revisaba y mencionaba tus cualidades, bellas patas, limpia dentadura, gran porte y es que es un animal precioso y bien cuidado, al final un silencio que casi traspasa mi mundo ... No hay nada que ofrecer, sus dolores son intensos, debemos dejarla ir .
Después de asentir solo con la cabeza ya que no podía articular palabra, vino el momento de canalizarte y aceptaste tranquila porque yo sostenía tu patita, no dejaste de mirarme como diciendo “no me dejes ir”, de pronto el médico interrumpió nuestras miradas, déjenos solos he puesto tanto anestésico que podrían dormir dos perros y no se quiere ir por no dejarla, le quiere mucho . Me tuve que ir y pasó solo un minuto cuando ya te habías dormido. Aún siento el nudo apretado en la garganta tan duro como tu ausencia .
Perrita mía
duerme en paz este otoño.
Silencio frío.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario